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Debate sobre la educación (I)

Por: Chema Caballero |

Publicado anteriormente en BLOG “África no es un país” de el periodico El Pais

La diferencia entre que un niño muera o viva puede depender, en muchas ocasiones, de que su madre sepa leer o no”, me decía Mammy Amara, una enfermera sierraleonesa. “Cuando las mujeres vienen a la clínica les explicamos cómo hacer suero para rehidratar a sus hijos en caso de diarrea, luego les damos un papel con las explicaciones. En el momento de preparar el medicamento, las que saben leer van a poder hacer la mezcla exacta de azúcar, sal y agua, que hará posible que el bebe no muera”. Educar a las niñas es clave para que África salga de dónde está. Lo dijo Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que tenemos para cambiar el mundo”.

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Hoy día, serán muy pocos los que duden de que la educación de las niñas y las mujeres no es solo una cuestión de respeto a los derechos humanos de la mitad de la población mundial, sino también un fuerte potencial para lograr el desarrollo económico y mejorar el acceso a la salud, a la nutrición y a la participación ciudadana.

Sin embargo, si hojeamos el World Atlas of Gender Equality in Education (Atlas mundial de igualdad de género en la educación), presentado por la UNESCO el pasado 8 de marzo, nos daremos cuenta de que la realidad que se vive en la mayoría de los países del África subsahariana es muy distinta.

No hay duda de que en las últimas dos décadas ha crecido considerablemente el número de niñas que asisten a la escuela. Ellas son las principales beneficiarias de los tremendos esfuerzos que se están haciendo para conseguir la escolarización primaria universal, sobre todo desde que en 1990 la UNESCO lanzara su programa de Educación para todos. Muchos países han logrado la paridad de género a nivel de educación primaria, pero el acceso a la educación secundaria todavía es un reto para muchas chicas del África subsahariana.

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Mi experiencia, supervisando cincuenta escuelas primarias en la selva de Tonko Limba, en el norte de Sierra Leona, es que después de mucho trabajo con las familias y la población en general conseguimos que las niñas fueran escolarizadas en la misma medida que los niños. En el primer curso de primaria, los dos géneros están siempre muy equilibrados, pero, poco a poco, las niñas empiezan a desaparecer. En sexto, el último curso de primaria, de los 100 alumnos que empezaron en primero, solo quedarán unos 10, de los cuales 8 serán niños y 2 niñas. De esas 2, como mucho 1 pasará a la escuela secundaria y es muy probable que nunca la termine.

La pobreza, la falta de interés de las familias, el que se opte por educar a los varones antes que a las hembras, los trabajos domésticos de los que son responsables tras la escuela y que muchas veces les impiden estudiar y hacer los deberes, los embarazos no deseados, los matrimonios forzados, los abusos de los maestros (el abuso sexual por parte de maestros a sus alumnas es algo muy común a pesar de estar perseguido por la ley), las faltas de condiciones higiénicas que hace que los días que tienen periodo decidan quedarse en casa…, son todos elementos que influyen en la desaparición de las niñas de las escuelas.

A pesar de ello, cuando se visita cualquier ciudad o aldea africana da la impresión de que todos los niños, niñas y jóvenes están escolarizados. La multitud de uniformes que invaden las calles a primera hora de la mañana así lo haría creer. Se trata de una marea multicolor que se expande por todas partes. Sin embargo, en África subsahariana todavía hay 31 millones de niños y niñas que están sin escolarizar.

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Esto no se puede atribuir a que la falta de esfuerzos por parte de la mayoría de los gobiernos africanos. En la última década el gasto público en educación en África ha crecido más de un 6% de media anual. Así lo indica otro informe de la UNESCO, titulado Financing Education in sub-Saharan Africa. Meeting the Challenges of Expansion, Equity and Quality, publicado en abril de 2011.

El aumento en inversión ha sido la causa de algunos buenos resultados. El informe dice que entre 2000 y 2008, el número de niños y niñas en escuelas primarias aumentó en un 48% -de 87 millones se pasó a 129. Igualmente, los alumnos en educación infantil, secundaria y terciaria crecieron algo más del 60% durante el mismo periodo.

Pero como se ve, todavía queda mucho camino por recorrer antes de conseguir la plena escolarización en el continente. En África las cifras imponen respeto: el 47% de la población es menor de 15 años y las estimaciones dicen que el segmento de 5 a 14 años crecerá más de un 34% en los próximos 20 años. Esto puede traducirse en 77 millones de nuevos estudiantes.

Este crecimiento de la población, junto con la crisis económica, va a forzar a muchos gobiernos a tomar decisiones muy drásticas. También habrá que estar pendiente de si el previsible descenso de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de los países tradicionalmente donantes, influye, de alguna manera, en las políticas educativas del continente. La AOD para educación en África subsahariana es de unos 2.6 billones de dólares anuales, lo que indica que gran parte de los presupuestos educativos de estos países depende de ella, y en algunos casos, como en Guinea, Malí, Ruanda o Zambia, supone más del 50%.

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Como no parece haber perspectivas de que los recursos domésticos y los provenientes de los donantes aumenten en los próximos años, los gobiernos africanos tendrán que tomar decisiones muy difíciles: ¿A dónde deben destinarse más fondos a las escuelas primarias o a las secundarias? ¿Qué es más importante el acceso universal a la educación o la calidad de la educación?

El informe de la UNESCO señala que en la actualidad la mayoría de los países subsaharianos gastan 10 veces más en un estudiante universitario que en un alumno de primaria. También dice que 8 de cada 10 dólares que se gastan en un universitario provienen de los fondos del propio gobierno, no de los donantes. La pregunta es si un país que no puede ofrecer educación primaria a todos los niños y niñas debe cubrir el 80% del coste de los alumnos universitarios, que, normalmente, provienen de las familias ricas o cercanas al gobierno. Quizás la clave esté en priorizar la educación primaria, destinando más recursos y medios a este fin. Aunque también existen los que defienden lo contrario, es decir, invertir más en la educación universitaria.

Como se ve, este es un tema abierto a todo tipo de opiniones, por eso seguiremos profundizando en él en próximas entradas.