Casas y almas de senegaleses en Madrid

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25 Mayo, 2017

Casas y almas de senegaleses en Madrid

Chema Caballero

En las calles de Madrid es normal cruzarse con africanos prácticamente todos los días, pero cuántas veces uno se pregunta cómo viven esas personas, cuáles eran sus sueños cuando emprendieron el viaje para llegar a España y en qué se han quedado por el camino. Ahora tenemos la oportunidad de adentrarnos en las vidas de un colectivo concreto, el de los senegaleses, gracias a la experiencia personal de Nicolás Melini y su libro Africanos en Madrid, editado por Reino de Cordelia.

 

El escritor y cineasta canario nos abre las casas y almas de algunas de estas personas. Nos cuenta sus anhelos, sus indignaciones y rabias, su lucha por salir adelante, sus risas… Para profundizar un poco más en esta obra hablamos con él.

Pregunta. ¿De dónde surgen sus historias de los africanos que viven en Madrid?

Respuesta. Soy su familiar. Creo que eso lo resume todo. He hecho familia con ellos. Hay una serie de informaciones sobre ellos que yo la voy acumulando de primera mano y que es distinta del relato político que transmiten los medios de comunicación, que es, en cierta medida, el relato de los partidos políticos. De hecho, hay un pequeño desfase entre ambos relatos que a veces puede ser hiriente o indignante, pero que también puede ser divertido, jocoso, porque los africanos se ríen de muchas cosas, de determinados políticos negando que hay redadas racistas en las calles de Madrid, por ejemplo. O con respecto a los Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) donde mi perspectiva es la de que voy conociendo historias, como español que soy, canario residente en Madrid, pero desde el punto de vista de los africanos.

P. ¿Y es esto lo que cuenta en tu libro?
R. Sí. Conozco personas que han estado o tienen amigos que están en el CIE y a través de ellos puedo hacer una crónica, uniendo la de varios de ellos, que sea contada, más o menos, desde el punto de vista de los personajes. Como lo que yo hago es literatura, no es periodismo, compongo personajes a partir de varios casos y de varias personas.
P. ¿Por qué el discurso político es tan distinto de la realidad?

R. Yo creo que es normal, no me parece que sea un disparate. La mayoría de los africanos no votan y, justo por eso, quedan bastante relegados en las decisiones políticas. Por otro lado, los partidos políticos hacen en gran medida lo que la élite económica quiere o necesita (gobiernan para todos, suelen decir). El político es una especie de intermediario que dice lo que tiene que decir para que suceda lo que es necesario que suceda. Si hace falta mano de obra barata, se hace el relato que ese partido puede hacer, teniendo en cuenta el sentir y las ideas de sus votantes, para que la mano de obra barata llegue adonde se estima que hace falta. Por eso, me parece coherente que cuando en la segunda legislatura de Zapatero empiezan las redadas de africanos en Madrid para expulsarlos y mucha gente de los barrios salía a las calles intentando impedirlas, intentando que la policía no se llevase a los africanos, incluso con caceroladas, o haciendo patrullas nocturnas, vistiendo petos amarillos reflectantes para ser visibles, sin embargo, los medios de comunicación nacionales, generalistas, no lo llevaron a portada.
P. ¿Eso quiere decir que los medios de comunicación son simples transmisores del discurso político y no de la realidad que se vive en las calles?

R. Cuando Aznar era presidente hay aspectos de su política migratoria que sus votantes no podían saber y no se les contó. Cuando, en la última legislatura de Aznar estaba llegando tantísimo cayuco a Canarias, lo que hacía el Gobierno era fletar un avión en Canarias, llenarlo de africanos y llevarlos, sin que tuvieran la menor idea de a dónde iban, a ciudades como Madrid o Barcelona. Era la época en que hacía falta mano de obra barata para la construcción, para el campo.
P. ¿Y los ciudadanos no tenían noticias de esto?
R. El Gobierno no contaba eso, a Aznar no le interesaba que sus votantes lo supieran. Los africanos llegaban aquí, a Madrid, y, en la comisaría, el policía de turno les decía: “Venga, ya te puedes ir”. “¿A dónde, si no conozco a nadie, si no sé dónde estoy, no tengo dinero, ni ropa?” “Venga, ya estás en Europa, ¿no querías venir a Europa? Pues ya estás”. Y eso era lo que se hacía durante esa legislatura de Aznar.

 

El autor Nicolás Melini. Lisabeth Salas

P. ¿Pero esta política cambió más tarde?
R. Hubo la regularización de Zapatero. Y, después, cuando llega la crisis, Rubalcaba como ministro de Interior envía a la policía a hacer redadas y eso no se cuenta tampoco en los medios. Alguien le hace la pregunta en el Congreso y él lo niega rotundamente.
P. ¿Qué dicen los africanos que conoce de todo esto?
R. Los africanos, yo he estado con ellos en alguna ocasión en la que uno de ellos buscó el vídeo de Rubalcaba en el Congreso, se parten de la risa al escucharlo decir que no hay redadas, porque, durante mucho tiempo, ellos tuvieron que vivir escondidos. Muchos de ellos tenían que ir a trabajar escondiéndose y con mucho cuidado de no cruzar una esquina y que de pronto hubiese unos policías y se lo llevasen.
P. ¿El ministro mintió?
R. Estuvieron haciendo redadas en las puertas de los colegios. Cuando los padres llevaban a sus hijos. El niño podía entrar al centro por la mañana y, por la tarde, cuando salía, se encontraba con que lo iba a buscar otra persona porque su padre se encontraba recluido en el CIE, o su madre. Estas cosas no se han contado en este país con la presencia en los medios que creo que merecen, o por lo menos yo no lo he visto.

Cubierta interior de ‘Africanos en Madrid’. Antonio Tiedra

P. Dice que los africanos se ríen de esto, ¿pero aparte deben sentir rabia, indignación?
R. En el libro, más o menos, se cuenta el ánimo general. Hay un caso, por ejemplo, de un senegalés que lleva muchos años en España y tiene la nacionalidad española. Fue de los primeros que llegó a Madrid en los 80. Un día que iba por la calle Embajadores, ve que había policías haciendo redadas, y lo que se le ocurre hacer, de pronto, es mirarlos fijamente y echar a correr. Los policías lo ven y salen detrás de él. Es un señor que está en forma, sube por una calle, baja por la otra, los policías detrás. Los cansa y ya llega un momento en el que se para en lo alto de una cuesta y los espera, y cuando llegan junto a él, reventados, gritando “documentación, documentación”, el tipo saca el DNI: “¿Si tú eres español, por qué corrías?” Y él les contesta: “¿Por qué me perseguíais?” “No vuelvas a hacer esto nunca más”, le dijeron. El caso es que el tipo estuvo haciendo eso durante un tiempo y luego se lo contaba a los africanos y las risas eran monumentales porque, claro, significaba una liberación ante lo que les estaba pasando.
P. ¿Hay muchos casos como ese?

Portada del libro.

R. Lo mismo, otro personaje que trabaja en temas de telefonía, va de casa en casa, primero con Telefónica y luego con otras empresas. Ahora está implantando la fibra óptica y tiene que ir por muchos sitios de Madrid y cada vez que sale de un barrio le para la policía, le hace enseñar los papeles, le hace abrir el coche de la compañía… Y él les dice que hagan algo para pararle una sola vez al día, una especie de pegatina en el coche, que no le paren cuatro veces al día que así no puede trabajar. Le paran incluso en la Gran Vía, con toda la calle bloqueada. Él también cuenta sus anécdotas a sus amigos, a familiares, a conocidos.

P. Seguramente no todos puedan hacer como estas dos personas.

R. Muchos son africanos que no pueden en absoluto protestar ni enfrentarse a la policía como él lo hace, porque no tienen papeles. Él está cansado, pero tiene los papeles y puede mostrar cierta dignidad ante el acoso policial. El que no tiene papeles no puede abrir la boca, no tiene otra que callarse y aguantar.

P. ¿Hay muchos africanos que viven con miedo?

R. Hubo un momento en que Lavapiés se quedó vacío. Ahora los africanos han vuelto.

P. En una de las historias del libro habla de las parejas mixtas, ¿qué conclusiones saca de estas?

R. No, yo no saco conclusiones. Más bien dejo preguntas y muestro. Y no hablo de las parejas mixtas en general, sino de las parejas mixtas desiguales, establecidas entre mujeres españolas con hombres africanos más jóvenes. Sí es verdad que, llegado un momento, fui conociendo muchos casos y hay una serie de patrones que son propios del tipo de relación que se establece entre estas mujeres y estos hombres. Hay una serie de condicionantes, por ejemplo, en la diferencia de edad, o en que ella tenga sus hijos grandes, no van a tener hijos con estas parejas africanas, y, por otro lado, ellas tienen una estabilidad económica que ellos no poseen… Para ellos tener hijos es importante y con ellas no van a poder. Esas diferencias marcan mucho las relaciones. Por eso la pieza se titula La sartén, el mango. Quién tiene la sartén, quién el mango.

P. ¿Por qué de repente decide recoger todas estas historias en un libro?

R. Realmente no hubo una premeditación de escribir un libro sobre africanos en Madrid, es un libro que se escribe de alguna manera solo, porque al estar yo relacionado con africanos desde hace más de doce años, poco a poco, he ido acumulando información, experiencias. Es un libro desde la familiaridad, que ha surgido casi sin moverme de casa.

P. ¿De dónde proceden los diferentes capítulos?

R. Algunas piezas las escribí por encargo. La primera, en 2005 para una antología en la que participaron muchos escritores españoles e hispanoamericanos (Inmenso estrecho I y II, de editorial Kailas), era el momento de las pateras y allí hablamos sobre ello. Luego se han sucedido varios más, uno de la Cátedra Vargas Llosa sobre la figura de Amadou Ndoye, hispanista senegalés al que conocí bastante bien. En otra ocasión me encargaron, para otra antología, un cuento sobre el tema de la mutilación genital femenina. Y yo también iba escribiendo. En varios de mis libros, publicados y aún inéditos, hay fragmentos en los que, inevitablemente, aparece el tema de los africanos, y me di cuenta de que merecía la pena reunir las piezas, sobre todo porque sueltas te pueden dar cosas, pero reuniéndolas y estructurándolas era posible contar mucho más. Son variadas, desde capítulos de otros libros a cuentos específicos, hay una conferencia, pero creo que da una idea significativa de cómo es la vida de estos africanos en Madrid.

P. ¿El libro reúne distintos géneros?

R. El libro no funciona como compilación, funciona como libro. En realidad, lo que domina es la crónica en distintos grados, hay cuentos desde los que son prácticamente ficción hasta cuentos que son absoluta crónica. Pero llevan una línea que los unifica. Luego a mí me gusta también que aparezca la propia vida, que aparezca la experiencia más íntima y donde se mezcle un poco la ficción con la crónica y, también, con mi experiencia personal. Hay momentos en los que el lector puede estar seguro de que eso es algo que cuento desde mí y hay momentos en los que no puede estar del todo seguro de si yo me encuentro dentro del relato, o no. Y, sin embargo, hay otras cosas que son completamente ficción y que parecen realidad.

P. ¿Cuál es el propósito de este libro?

R. El propósito es literario. Yo soy un escritor de literatura. Tenía acceso a esta realidad, no muchos escritores lo tienen, aunque empieza a haber ya escritores africanos entre nosotros, pero esta migración todavía no ha sido contada y yo estaba en un lugar que era un poco privilegiado, el lugar en el que, cualquier día, nos visitaban estos migrantes. Era inevitable que, sin proponerme escribir este libro, fuera escribiendo sobre esta realidad.

P. ¿Cómo ve el futuro de los africanos en Madrid?

R. Ellos viven en términos de oportunidad. Lo que hizo la gran mayoría cuando llegó la crisis fue seguir camino hacia Europa: Francia, Suiza… Lo que piensan es adónde voy. Muchos de ellos mantienen una relación con familiares que se encuentran en su país que es casi de complejo de vaca lechera, el teléfono no deja de sonar y ellos no dejan de mandar dinero. Sostienen a los que no han venido, de forma medicinal y alimentaria. Esos africanos que vemos por la calle son el estado de bienestar de muchas personas. Muchos invierten en una casa en su país de origen, para regresar algún día. Quién sabe.

https://elpais.com/elpais/2017/05/31/africa_no_es_un_pais